
Hay una palabra muy común, pero que pronunciada con un tono de voz como el tuyo bien cerca de mi oído, va a hacer que vibren partes de mi cuerpo que ni siquiera sé que tengo. Un día, probablemente un martes, vamos a estar abrazados y vamos a perder la noción del tiempo mientras nos intoxicamos con el perfume de nuestra piel, y durante horas vamos a ser incapaces de sentir algo que no sea eso. Cuando no me anime a decirte algo, lo voy a escribir con la mano en tu espalda. En el momento preciso, voy a rozar con la yema de mis dedos una parte de tu antebrazo y eso que vas a estar pensando, ya no va a parecer tan grave. Antes de saberlo, me vas a regalar un reloj. Cuando yo esté por hablarte por primera vez, vas a ver la forma de mis labios y vas a adivinar mi voz. Una noche, vamos a soñar exactamente lo mismo. Vas a ser el primero que me bese de esa forma. La primera vez que nos veamos, nos vamos a reconocer sin saber por qué. Vas a mirar muy lejos dentro de mis ojos, y vas a saber la verdad.























